El discurso político de la actualidad en Tijuana padece una simulación profunda cuando las figuras públicas adoptan eslóganes populares mientras disfrutan privilegios inaccesibles para la mayoría.
El caso de Pablo Yáñez, regidor de Morena, ejemplifica esta contradicción flagrante mediante la consigna pintada en bardas urbanas que reza «Pablo es pueblo».
La retórica de izquierda utilizada por el edil choca de manera frontal con su estilo de vida y sus elecciones de entretenimiento. Mientras el regidor predica la austeridad y condena el capitalismo norteamericano en sus proclamas partidistas, su presencia en los estadios de las Grandes Ligas en San Diego, como en los juegos de los Padres, delata una desconexión total con la realidad social que representa.
Asistir a dichos espectáculos deportivos en territorio estadounidense implica un gasto en dólares, transporte transfronterizo y boletos costosos que la clase trabajadora tijuanense jamás puede costear. Esta disparidad económica evidencia la falsedad de un discurso que apela a las masas pero emula las costumbres de las élites.
La incongruencia política destruye la confianza ciudadana cuando los representantes populares abandonan la congruencia en nombre de la comodidad personal. Defender una postura ideológica de izquierda exige coherencia ética entre el decir y el actuar cotidiano, algo ausente en las apariciones del funcionario en escenarios extranjeros de alto costo.
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