El costo de la disciplina cupular: Montserrat y el pragmatismo del PT

El costo de la disciplina cupular: Montserrat y el pragmatismo del PT

En la arena política de Baja California, el pragmatismo suele devorar cualquier promesa anticipada. Tal como advertimos en Reporte Express, el encuentro entre Jaime Bonilla y Julieta Ramírez no representaba una simple foto de cortesía, sino el trazado de un pacto cupular donde las aspiraciones individuales pasarían a segundo término. La gran damnificada de este rediseño estratégico ha sido Montserrat Caballero, cuya narrativa de rebeldía y candidatura estatal chocó de frente contra las prioridades de supervivencia y conveniencia electoral del Partido del Trabajo.

La exalcaldesa de Tijuana construyó en los últimos meses un discurso centrado en ser el ariete del PT rumbo a la gubernatura de 2027. Sin embargo, en el tablero de Bonilla Valdez, las lealtades son transitorias y supeditadas al peso relativo de las fuerzas en juego. Cuando Morena define sus perfiles estratégicos —como la senadora Julieta Ramírez para coordinar los trabajos de la llamada Cuarta Transformación—, el PT no busca la ruptura testimonial, sino asegurar espacios de interlocución y cuotas de poder dentro de la coalición gobernante.

El posicionamiento público de Caballero refleja con nitidez ese desenlace. Al respaldar lo señalado por Amador Rodríguez Lozano, la exmandataria tijuanense confirma que existió un pacto explícito: sumarse a las filas petistas a cambio de una postulación que finalmente fue retirada de la mesa. En su mensaje conviven la resignación calculada y el reproche soterrado, insistiendo en que el PT por cuenta propia hubiese tenido competitividad frente al electorado.

Al final, la salida discursiva de Montserrat Caballero opta por la institucionalidad forzada: agradecer la oportunidad, acatar la disciplina y apelar a la palabra empeñada. No obstante, el saldo político es contundente. El PT demostró una vez más que funciona como satélite negociador antes que como trinchera de oposición irreductible, dejando a la exalcaldesa sin plataforma propia y ratificando que, en los pactos de cúpula, las promesas de campaña interna son la primera moneda de cambio.


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