TIJUANA.-. Entre jaranas, zapateado y farolitos de papel, la colonia El Niño vivió el pasado fin de semana una celebración con sabor a Veracruz: la fiesta decembrina de la Rama, organizada por residentes veracruzanos que hoy radican en Tijuana y que buscan mantener viva la tradición lejos de casa.
El contingente avanzó al ritmo del son jarocho por calles de Vista del Valle y El Niño, con una rama decorada con luces, cascabeles, esferas y escarcha. En el recorrido, el grupo se detuvo en viviendas y negocios para compartir música y baile sobre tarima, mientras vecinas y vecinos respondían con detalles en señal de bienvenida: fruta, dulces, arroz con leche y ensalada de manzana, según relataron participantes.
La escena, explicaron asistentes, retomó elementos típicos de la celebración veracruzana: vestidos blancos, fandango comunitario y música de jarana, en una adaptación hecha para el contexto fronterizo y la convivencia en colonias de Tijuana.
La tradición de la Rama reunió música, danza y comunidad
Al concluir el recorrido se realizó un fandango, donde se compartió comida y presentaciones artísticas. En el espacio, las y los asistentes degustaron tamales en hoja de plátano, buñuelos, picaditas, ponche, mole, agua de jamaica y arroz con leche, como parte de una jornada que combinó tradición y gastronomía.
Durante el evento se presentó el Grupo de Danza Folklórica Mexicana Wispha, con cuadros de Veracruz y regiones asociadas a su repertorio. Se interpretaron bailes de Tlacotalpan como La Iguana, La Guacamaya y El Huatulco; piezas de son jarocho como El Canelo, La Bruja y El Pájaro Carpintero; además de la Danza de viejos de La Pedrera de Tantoyuca, relacionada con el Xantolo (celebración de Día de Muertos) en la Huasteca veracruzana.
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Jaraneros y fandango: Eco de Marea y Fandango Fronterizo
Los jaraneros de los grupos Eco de Marea y Fandango Fronterizo marcaron el ritmo para que el zapateado mantuviera vivo el fandango sobre la tarima, en un formato donde el público participa y la música se construye en colectivo.
El cierre incluyó una participación especial: el baile de Chinas Oaxaqueñas, invitadas desde la comunidad de Ojos Negros, en el municipio de Ensenada. La presencia de este grupo, explicaron organizadores, respondió a la intención de tender puentes entre expresiones culturales sin perder el eje de la tradición veracruzana.
“La trascendencia de nuestras raíces sigue viva”: organizadores
Yessica Mendoza Santoyo, integrante de la Red de Mujeres Trabajando por el Bienestar en Baja California y del Colectivo Folclórico Hermandad Entre Culturas, señaló que esta edición fue una adaptación a la realidad de quienes migraron, pero con el mismo objetivo: que la tradición no se pierda.
“Esta rama fue un poco distinta, pero nos enseñó que la trascendencia de nuestras raíces sigue viva en cada uno de nosotros, independientemente del lugar en el que nos encontremos”, expresó, al agradecer la participación de bailarines, jaraneros y vecinos que aportaron para realizar la actividad.
La celebración cerró como empezó: con música, convivencia y un mensaje claro desde la colonia El Niño: en Tijuana también hay espacio para que las tradiciones viajen, se compartan y se sostengan en comunidad.
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